Santiago de Chuco, tierra llena de tradición, devoción, y gran riqueza cultural.
César A. Vallejo Mendoza
El más grande poeta de todos los tiempos.

Gran hombre poeta inmortal y universal, es reconocido como el más revolucionario, capaz de audacias lingüísticas y figura capital de la poesía del siglo XX, conocido internacionalmente; es guía para los actuales grandes poetas de lengua Española y todos los poetas del mundo.

Vallejo hecho de tierra, agua, y fuego; la tierra del sufrimiento del hombre, el agua del amor de su madre, y el fuego de la divinidad concedida al nacer.

Aunque es cierto que la vida de un autor no basta para explicar su obra, no tendríamos seguramente César Vallejo si no hubiese nacido en Santiago de Chuco. Y tal vez lo único que deberíamos recordar de aquel 16 de marzo de 1892 en que él nació, es que fue un día que dios estuvo enfermo.

Fue el “shulka”, el menor de doce hermanos, y su familia, quiso que fuera sacerdote. Aunque el menor de los Vallejo se dedicó a otra cosa, cierto aire como de calvario y rezo se le pegó a su vida.

Los dos libros de poemas que publicó en vida fueron escritos mientras vivió en el Perú. De la obra póstuma podemos suponer que nació en el exilio. En el último exilio, porque de exilios sobre todo se tejió toda su historia. Ahora bien, si de tanto irse está llena su poesía, no menos llena está de lo que se llevó a cuestas, y sobre todo -y como más sólido soporte-, de lo que quedó allá, congelado e inmóvil en Santiago de Chuco.

Pero también hay lo que se mueve, y de esto, obviamente se alimenta también. Y se mueve la vida cultural en Trujillo primero, en Lima después. En aquellos años discutía de filosofía, estética y literatura con sus amigos Antenor Orrego, Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín y Juan Parra del Riego y que una noche del año 1917 estuvo a punto de suicidarse. Años después le confiaría a un amigo que después de rastrillar el arma contra su sien, sin producirse el disparo, se sintió lleno como una oleada de vida.

En 1918 murió su madre en Santiago de Chuco. Sin embargo, no dejaría nunca de ser la presencia más permanente en su poesía. Los heraldos Negros, su primer libro de poemas, se edita ese mismo año. En 1920 viaja de visita a su pueblo, Santiago de Chuco dedicaba varios días a las festividades en honor de Santiago, su apóstol protector.

Ese año, la celebración comenzaría el 14 de julio y se cerrarían las festividades el 2 de agosto. El domingo 1º se inició con una procesión y se cerró con sangre. Varias personas protagonizaron desórdenes, y una importante tienda de la ciudad fue incendiada. Por razones inexplicables, Vallejo se ve acusado de participar en el atentado y se inicia una acción penal en su contra. En noviembre es detenido en la Cárcel de Trujillo, en donde pasará 112 días de prisión hasta que lo liberen bajo el régimen de libertad provisional.

Años más tarde se referirá a este hecho como el más traumático de su vida. En la cárcel escribió varios de los poemas que aparecerán editados en 1922, en Trilce, un libro desconcertante desde el mismísimo título. Sobre la historia de ese nombre hay varias versiones, pero ninguna certidumbre. De todos modos, aunque su origen permanezca oscuro la palabra Trilce ha sido nombre luego de variadas empresas, y hasta de unas cuantas niñas.

Un año más tarde aparece Escalas, un libro de cuentos y textos en prosa, y la novela Fabla salvaje. A mediados de ese año, acompañado por Julio Gálvez Orrego, embarca rumbo a Europa. Lleva consigo un manual para aprender francés durante el viaje. Será el último exilio. En julio de 1923 llega a París. La vida durante los primeros dos años es especialmente dura. No tiene un trabajo regular, debe vivir apenas de lo que percibe por su colaboración con algunas publicaciones, cambia frecuentemente de domicilio apremiado por la situación económica.

Viaja a la U.R.S.S. por primera vez en 1928. Deslumbrado por los logros del régimen, adhiere a las Tesis de Mariátegui y se afilia al Partido Comunista Peruano, integrando la célula de París. Es conmovedor, sin embargo, que en medio de su fervor revolucionario Vallejo envía en 1929 una carta a su hermano Víctor, encomendándole muy especialmente que mande decir en su nombre una misa al apóstol Santiago, por una promesa que le ha hecho.

Georgette Philippart, con quien se había casado en 1929, se ve obligada a vender su casa para poder subsistir. Pasan a vivir en hoteles y su situación es de penuria constante.

En los primeros meses de 1938 su agotamiento es preocupante. Comienza la fiebre. Acosado por Georgette, el médico decide internarlo. Según consta en su ficha clínica César Vallejo ingresa a la Clinique Chirurgicale el 25 de marzo a las 15 hs, con una infección intestinal aguda. Su esposa dice que se acostó el 13 de marzo, después de comer, entre las dos y las dos y media de la tarde.

Ya no se levantó más. Los análisis practicados en la clínica no revelan ningún mal. Georgette en su desesperación consulta, según testimonio de Gonzalo More “astrólogos, magos y brujos”. Los médicos buscan enfermedades tropicales, multiplican los estudios, la fiebre aumenta en forma constante.

El viernes 15 de abril a las 9.30 hs. muere César Vallejo por causas desconocidas. Sus amigos coinciden en señalar que Vallejo enfermó de España.

Soledad Platero
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