Santiago de Chuco, tierra llena de tradición, devoción, y gran riqueza cultural.
San Jerónimo de Mollepata, ¡Escucha mi plegaria!
San Jerónimo de Mollepata, Salva a mi familia…

El templo de Mollepata, estaba repleto, era 30 de Septiembre del 2008, miré fijamente a la imagen que estaba estática sobre su anda, luego del imponente recorrido procesional.

San Jerónimo, salva a mi familia, San Jerónimo salva a mi familia, San Jerónimo salva a mi familia.

Era la única oración, que había en mi mente y encarnaba lo único que yo deseaba.

La imagen de mi mujer agobiada por el dolor de sufrir junto a mi mis pesares, de pasar tantas noches en vela pensando en nuestro destino, sus sucesivos arranques de ira y luego el rictus del arrepentimiento habían robado nuestra felicidad.

El año pasado, vine hasta ti, San Jerónimo, a venerarte en el día de tu fiesta, recé para ti, me postré de rodillas ante tu altar, estuve cuando descendiste desde el altar mayor, con mis lágrimas empape el polvo del suelo, cada mañana vine hasta tu templo para rezar, en la procesión te cargué con verdadera fe y cuando ascendiste hasta el altar mayor, me aferré a tu imagen, lloré y te dije, si atiendes mi plegaria San Jerónimo, el próximo año, vendré con las personas por quienes elevo mis súplicas.

Así ha sido San Jerónimo, lo sabes tú y lo sabe el pueblo, junto a mis hijos he llegado, lo primero que hice fue dirigirme a tu templo para darte las gracias, nadie sabe, nadie supo, ni nadie sabrá mis plegaras y mis promesas, es un secreto entre tú y yo. Tú lo comprendes todo, tú San Jerónimo lo entiendes todo.

San Jerónimo, salva a mi familia…….

Cuando cerré los ojos y bajé la vista, te he visto, contento, con una sonrisa placentera y triunfal, he sentido que me has escuchado y sé que vas a ayudarme, he sentido el poder omnipresente de tu infinita bondad.

He vuelto la vista hacia la derecha y he visto a mi hijo, que aún es un niño, con sus manos muy juntas, agachado y llorando, sus suspiros delataban el profundo dolor que arrastra, sus lágrimas no se han detenido, él es orgulloso, pero ante ti San Jerónimo, somos nada. He vuelto mis ojos a la izquierda, el rostro ajado de mi madre, estaba radiante, sus viejas canas eran brillantes, estaba erguida junto a ti, estoy seguro que ella no te ha pedido nada, estoy seguro que ella te daba las gracias por que todos estamos bien, porque sus hijos estábamos a su lado, porque aún la tienes llena de vitalidad y porque sus nietos retozan en su rededor, haciendo renacer la esperanza de la vida. He mirado hacia el suelo y allí, San Jerónimo, Tú lo sabes, allí estaba mi niña de 4 años, arrodillada, con sus manos dobladas ante ti, su cabello cubría su rostro, no quise perturbarla, pero sé que entre ella y tú, también hay un secreto, San Jerónimo, si gustas, no escuches mis ruegos, olvida mis súplicas, pero por favor, atiende las plegarias de mi niña, no sé qué te ha pedido, pero sospecho que su ruego es el mismo:

San Jerónimo salva a mi familia…

Salí de tu templo, San Jerónimo.

De pronto he recordado retazos de esta fiesta:

A mi llegada, el 27, Beto Moreno, el mayordomo, tenía una apacible urgencia, andaba por acá, iba por allá, pasaba por allí y regresaba por aquí, saludaba al paisano y abrazaba al forastero, todos los detalles estaban siendo ultimados. 
El 28, desde muy temprano, el mayordomo estaba en pié y a eso de las 8 de la mañana empezaron a entregarse las ofrendas para San Jerónimo y él en su condición de mayordomo a recibirlas, era inacabable, ora cohetes, ora papas, ora bandas, ora mote, ora carneros, ora vacas, ora toros. Hasta donde yo he podido ver, todos los animales han sido sacrificados. 
A cada oferente le regalaba una caja de cerveza y cuanto desease de chicha, los cántaros y botijas de chicha estaban en su punto. 
El 29, cuando la aurora rayaba, empezó el desfile de danzarines y bandas, un saludo al Patrón San Jerónimo, vuelta de calle y entrega al mayordomo. Chicha, caja de cerveza y buen caldo de cabeza para las comitivas que iban llegando. 
A las tres de la tarde, se inició la hora de doces, aparecieron cabezas, patas y rabos debidamente arreglados, forrados con papel cometa, ramas de fresco molle a los extremos, atadas junto a geranios; naranjas, manzanas, plátanos, rocotos (frutas y frutos) y bebidas gasificadas, champagne y calientito, en la parte inferior (botellas), porque así manda la tradición: papel cometa, flores, frutas, frutos y botellas. Se sumaron a la algarabía, dos destornillados cargando un triángulo inmenso de madera y maguey, adornado por ambos extremos con rosquetes, bizcochos mollete, panes, roscas, quesos, bebidas, naranjas y no sé cuantas cosas más y la muchedumbre que lidiaba por arrancar cualquier cosa del triángulo, solo los afortunados lograron desprender algunos pasteles.

El triángulo de los destornillados, es un tablao de dos caras, una antigua ofrenda, ya casi desaparecida, que se entrega al mayordomo como reconocimiento público a su fe y a su devoción, por ello, las ofrendas de pan que allí se ponen tienen formas humanas y de animales.

También en la primera multitud de la hora de doces, había una muchacha que llevaba entre sus manos un sombrero bastante pequeño, de muy buen junco, pero que a todas luces no entraba en cabeza ni de un recién nacido.

Se entregaron las patas, rabos, cabezas al mayordomo, en la casa comunal destinada a tal fin, también los destornillados, acompañados de una señora adulta y una niña, con venias y discurso de ida y vuelta, entregaron su tablao al mayordomo, pero uno de los destornillados que al parecer ya no tiene remedio, arrebató el tablao que ya no era de él y se introdujo a la multitud bailando con el inmenso triángulo, la señora adulta cortésmente pidió disculpas al mayordomo en los precisos instantes que el destornillado regresaba para dejar definitivamente el tablao en manos de legítimo dueño. Acto seguido la muchacha se acercó al mayordomo y le entregó el sombrero pequeño, éste intentó ponérselo, pero luego se dirigió a su destinatario para colocarle la ofrenda, que cayó como anillo a dedo, desde ese momento, San Jerónimo no se ha quitado el sombrero de fino junco.

Las bandas de músicos entraban y salían de casa del mayordomo, al entrar lo hacían con cabezas, patas y rabos y al salir lo hacían solas para traer una nueva comitiva.

Por la noche, se realizó el concurso de faroles entre los alumnos de las instituciones educativas del Distrito, caseríos y centros poblados y luego vino la vistosa luminaria.

El 30, día central de la fiesta, por la mañana los danzarines y las bandas no cesaban de alegrar el ambiente, a media mañana se inició el concurso de hilanderas y de frazadas tejidas en telar y eso de la 1 y media de la tarde se inició la misa en el templo.

La misa que se celebra el 30 de septiembre, es el tiempo más conmovedor en Mollepata, por la naturaleza misma de la vida.

Nadie va a la fiesta por ir, nadie ingresa al templo por casualidad, nada ocurre al azar, cada uno de los allí presentes, tenemos miles de motivos para estar en ese momento en ese lugar:

-       Madres y padres ancianos, con enfermedades terminales que solo viven por milagro, 
-       Hijas e hijos enfermos, desahuciados, 
-       Primas y primos en problemas con la ley 
-       Hogares al borde del abismo, 
-       Familias en proceso de desintegración, 
-       Miembros de familia diseminados por diversos puntos del planeta de quienes no hay noticias, 
-       Fábricas, empresas y talleres a punto de desaparecer, 
-       Trabajos perdidos, desempleo, desocupación, 
-       Familiares metidos en consumo de sustancias ilegales u organizaciones criminales.

Otros regresamos, para agradecer, el éxito en nuestras vidas, en nuestros negocios, empleos y en todas aquellas aventuras que hemos iniciado.

Es el milagro del Patrón San Jerónimo de Mollepata el que nos congrega:

Qué pasará el próximo año, mejor dicho, que me pasará el próximo año: 
-       Podría estar inválido 
-       Podría estar preso 
-       Podría estar sin dinero 
-       Podría perder mis seres queridos 
-       Podría sufrir un accidente 
-       Podría estar muerto:

Qué será de los míos, de mi mujer, de mis padres, de mis hijos, de mis nietos, de aquellos a quienes yo tanto amo y por quienes me desvelo y desvivo.

¿Alguien tiene la respuesta? 
Por favor: ¿Alguien puede responderme? 
RESPONDANMEEEEEEEE

Sí. Alguien tiene la respuesta, pero solo lo sabré en la intimidad de mi fe.

TU, SAN JERÓNIMO, TU TIENES LA RESPUESTA.

A ti entregó mi vida y mi destino, haz de él lo que creas conveniente.

Terminada la misa, se inició la procesión.

San Jerónimo, no tengo nada que ofrecerte, estoy en tu fiesta para agradecerte por lo que has hecho por mí, estoy para implorarte misericordia, he venido desde lejos, gracias a ti he conseguido el permiso, que parecía imposible conseguirlo, gracias a ti mi viaje ha sido maravilloso, gracias a ti, mi familia que vive aquí se han alegrado, gracias a ti soy lo que soy.

San Jerónimo, no tengo nada que ofrecerte, te entregó mi vida, San Jerónimo, tú sabes, llevo una vida recta y justa, soy fiel contigo, es cierto no tengo nada, pero tengo mis fuerzas y tengo las fuerzas de mis hijos, déjame cargar tu anda, deja que mi niña vaya prendida a la pata de tu anda, déjanos estar a tu lado.

Éramos demasiado los fieles devotos que pugnábamos por cargar el anda de San Jerónimo, es cierto, mis motivos eran muy grandes y muy justos, pero cuando vi al Piojo, envejecido y encorvado, cuando vi al Shirola agotado por la vida y el paso de los años, que se colocaron frente al anda por la esquina de don Atanasio y cuando vi dos ancianas que arrastrando sus pies se pusieron delante del anda a la altura del cabildo y cuando vi frente a José Ojeda a doña Paz ponerse delante del anda, comprendí que hay quienes tienen motivos tan o más válidos que los míos.

Mi hijo, todo el recorrido intentó cargar al Santo Patrón, pero solo pudo cargar dos metros a la altura de lo que fue el puesto de la Guarda Civil, sin embargo, mi niña, con su inocencia a cuestas no se desprendió del anda desde que salió hasta que entró a su templo el patrón, y cuando mi hermano y yo cargábamos el anda, mi niña se colocaba en el centro de ambos.

Cerca al anochecer entraba San Jerónimo a su templo, mañana será otro día y el 2009 será otro año.

A la salida del templo, fuimos a casa del mayordomo a degustar el sabroso almuerzo costumbrista, Floridia nos dio deliciosos panes de trigo, mi hija intentó comerlos, también yo, pero la tristeza de la inminente partida no permitía salivar, la boca se secaba, nos trajeron un delicioso potaje al igual que a todos los asistentes, mi niña dijo: papá no tengo hambre, también me pasaba lo mismo.

El 01 de Octubre a las 8 y media partió nuestro carro. Mamá estaba en la plaza, parecía una estatua que llora, mi hermana semejaba una magdalena, mi cuñado y mis sobrinos lloraban nuestra partida.

Mis hijos se acurrucaron, mi hijo suspiraba, parece que respiro tierra me dijo con voz entrecortada, el carro se puso en marcha, mi hija arrancó en llanto y me dijo: papá quiero cumplir mi promesa.

No les contesté.

Fernando Eli Ledesma Pérez
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